Aventuras en la Patagonia chilena – Parte 2, conociendo los primeros senderos

Aventuras en la Patagonia chilena – Parte 2, conociendo los primeros senderos

21/11/2018
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21/11/2018

Coyhaique tiene una población total de 57 818 habitantes, sus alrededores están llenos de aventuras de todo tipo y para todo tipo de publico, como por ejemplo una visita al parque nacional con el mismo nombre de la ciudad, es algo que seguro agradecerás si está en tus planes conocer maravillosas vistas a unos pocos minutos del centro.
Por solo $ 2.000 pesos chilenos (3 USD o 2,5 €) puedes disfrutar de un lugar completamente natural, lleno de senderos para todos los niveles y edades. El sector cuenta con un sendero de 250 metros enfocado en personas con capacidades reducidas, estos caminos llevan a un mirador donde se puede apreciar completamente la ciudad y sus alrededores.

Si tienes intenciones de visitar este lugar en bicicleta puedes hacerlo con total libertad, los senderos son bastante amplios y mayoritariamente camino leñero, el que en la actualidad es perfecto para una tarde de pedaleo. Pero ojo, debes mantener respeto con la gente que te encuentres caminando, andamos en bicicleta y velocidad que tomamos hacia abajo puede causar algún problema debido a la imprudencia.

Alguna vez habías visto los bosques patagonicos desde este punto de vista?

Nuestro viaje comenzaba con las frías temperaturas de la región de Aysen, para alguien como yo el clima es bastante frío, vengo de la zona central del país, donde actualmente hay 33º grados, v/s 15º como promedio en Coyhaique, una diferencia notoria.

Nuestro primer destino fue la abandonada y casi olvidada reserva nacional Trapananda, un nombre extraño a simple vista, pero para mi sorpresa es como antiguamente llamaban a la Patagonia chilena, se encuentra a 40km de Coyhaique y el camino hasta allí es completamente accesible para todo medio de transporte.
El lugar es tan solo que ni el guarda parque se encontraba al momento de nuestro ingreso, por lo tanto no fue necesario dejar nuestros datos ni pensar en compartir mate.

Conocer rutas es una tarea ardua, complicada y que requiere mucho tiempo, y así lo sabe muy bien Juan Zamorano, quien se dedica en un 100% a leer mapas, guiar e investigar antiguos senderos ocupados por animales y arrieros de la zona.

Trapananda es la segunda reserva nacional de Chile donde puedes andar en bicicleta, la huella de trekking no está muy marcada, pero Juan ya había ido a investigar el lugar, por lo tanto ya tenía una idea de donde sería el paseo de aquella tarde.

En la foto puedes ver la laguna Gutierrez y escondida ¿Puedes creer que alrededor de ellas hay senderos con un grip perfecto?

Para nuestra sorpresa al caminar y pedalear por los senderos nos encontramos con que estos no han sido pisados ni marcados en mucho tiempo, de hecho intuimos que el cuidador de la reserva no ha tenido transito donde en ese momento pedaleábamos.

La reserva en si tiene lugares completamente atrayentes, si te gusta la vida al aire libre una caminata no vendría mal, si lo tuyo es observar aves aquí podrás encontrar muchas, si necesitas meditar o reconectarte contigo mismo, encontraras máxima tranquilidad.

De forma completamente alterna a todo lo natural se pueden encontrar antiguos vestigios de ”Puestos”, donde posiblemente hospedaban o comían las personas que trabajaban en el aserradero.
En el lugar hay dos estructuras de este tipo, la primera (de la imagen) al parecer era un puesto de paso, pero el que está a unos 300 metros es algo más estructurado, el que hasta se puede presumir que vivía gente, ya que aún se conserva el piso de madera y las divisiones de la “casa”.

Los senderos que puedes encontrar aquí son muy trail, de hecho el camino de auto es una ruta perfecta para llegar a los accesos de los senderos, e incluso a las lagunas, donde un día de camping seria genial para conocer y acercarse a este lugar.
Hay muchas rutas las cuales se pueden hacer aquí, si te internas en el bosque puedes ver diversos caminitos los que llevan al camino de auto, algunos hay que despejarlos un poco y ya quedan transitables, mientras que otros requieren un poco más de trabajo.
Mis primeras impresiones al dejar este lugar son bastante agradables, ya que al no venir personas acá el terreno se conserva completamente natural y no hay basura que recoger ni tampoco hay destrozos, pero luego pensandolo bien, es super triste que entornos como este estén completamente olvidados existiendo tanto potencial entre sus bosques, senderos, paisajes y caminos.
La hora de irse de Trapananda llegó cuando eran las 20:00 de la tarde, las nubes comenzaron a tapar el cielo y poco a poco el viento frío comenzó a inundar el entorno.

¿Recuerdas que entramos sin encontrarnos al guarda parque? Cuando quisimos salir el portón se encontraba cerrado y por suerte vimos a un vecino del lugar el cual tenía las llaves para poder dejarnos salir. Nos pregunta el nombre y nos comenta que desde hoy comenzarán a pedir datos para registrar a las personas que deseen entrar.

Espero de corazón las listas se llenen y mucha mas gente venga a conocer este increíble lugar, pero ojo, la basura no vuelve sola y debes tener en cuenta que cargar todo lo que llevas no es una opción si no obligación y si llevas algo que encuentras, mucho mejor.

Salir de la sombra del cicloturismo, el camino de ripio y sus clásicos turistas que vienen desde muchas partes del mundo es una tarea ardua y bastante dura.
Pero nuestro foco estaba en esto, la carretera austral es la espina dorsal de la Patagonia, pero a su alrededor se encuentran destinos completamente atrayentes, los que usualmente la gente no conoce debido a los iconos turísticos tradicionales.

Las aventuras continuaban y era hora de conocer senderos locales, y uno de ellos era el nombrado “Radar” la subida permite llegar hasta el inicio del circuito en camioneta, pero para nuestra mala suerte esta vez, la nieve estaba hasta tan abajo que por seguridad no era buena idea subir en camioneta.
Eso quería decir que debíamos aplicar el plan B y comenzamos a subir a pie empujando la bicicleta, hacia bastante frío, pero en movimiento casi es “imperceptible”.

Cargar la bicicleta de cualquier forma era algo imprescindible en esta ocasión.

Benjamin Merino era el más pequeño del grupo, y sus 15 años no lo detuvieron frente a las condiciones que nos tocaron aquel día.

Si bien este sendero es publico, Gabriel Benoit(Patagonia Bikers) realiza un tour al lugar y a otros destinos de la zona.
Su euforia y motivación al entablar una conversación seguro te dejarán completamente motivado para subir a la bicicleta y comenzar a pedalear o bajar con el, pero ojo, Gabriel tiene mucho nivel y si pretendes andar a su ritmo, quizás te cueste alguna caída.

Llegar a donde comenzaba la bajada fue una mezcla de grandeza interior, frío debido al viento que corría y solo entusiasmo por saber como era la bajada.
Ya me habían comentado del terreno en la parte alta, pero estar allí era experimentar una sensación de hundirse automáticamente, las piedras estaban llenas de agua producto de la nieve lo que hacía del lugar un sitio extraño y complicado a la vez.

Últimas indicaciones de Juan Zamorano y comenzamos la bajada, pero está no duro tanto como queríamos ya que había increíblemente mucha nieve, y lo que en tiempos de mucho calor son bajadas a toda velocidad, hoy se convertían en una mezcla de destreza fisico y mental por avanzar lo más rápido posible dentro de lo que se podía.
Hacer la primera bajada de la temporada tiene sus costos y beneficios, pero para mi conocer este lugar de esta manera solo me trae beneficios, aunque en ocasiones no la pase tan bien como pretendía.

Nieve y bosques, el panorama por más de una hora.

Estrujamos nuestras calcetas para volver a ponerlas mojadas, disfrutamos del sol en nuestros pies hasta que se nublo nuevamente, comimos y bebidos un poco de agua como recompensa de nuestro trayecto.

Son pocas las palabras que puedan expresar mi felicidad por llegar al lugar donde comenzaríamos a bajar por segunda vez, y claro, para mi fue toda una odisea, en mi vida había tenido 2 encuentros con la nieve y ahora me encontraba caminando sobre ella en busca de la preciada bajada, una locura que solo habría podido experimentar aquí.

Las praderas y montañas se dejaban ver mientras tomábamos un poco de aire para comenzar la bajada, desde aquí hay aproximadamente 4 km hasta la parte baja, un gran Premio por toda la subida.

Comenzamos a bajar donde la vegetación era super escasa, aquí el terreno era diferente si lo comparamos con la primera bajada.
Los primeros en comenzar a bajar fueron Juan y Rafael Diaz.

Rocas, bosques y máxima velocidad en algunos tramos, aunque no conocía el lugar, seguir al compañero que va adelante te permite tener una idea de lo que viene.

La diferencia de escenarios es increíble, comienzas en un territorio casi desertico donde el pie se hunde al pisar y terminas en un campo completamente verde donde usualmente encuentras rocas grandes como obstáculo.

En términos de vida, Radar es uno de mis circuitos favoritos, el paisaje, tranquilidad, velocidad y diferentes escenarios hacen de este lugar un sitio al cual quisiera volver cada vez que pueda.
Si vienes a Coyhaique procura contratar a un guía el cual te muestre este lugar, no te arrepentirás y no me extrañaría que quedes contando los días para volver.

El clima en Coyhaique suele ser un poco difícil de predecir, el sol puede alumbrar por la mañana, pero si el viento sopla, lo más seguro es que de pronto se nuble y las probabilidades de lluvia aumenten.
Seguimos nuestro viaje en busca de aventuras, circuitos e historias que contar y nuestro próximo destino sería Puerto Tranquilo para unos días de turismo, desconexión y bicicleta.

El camino hacia Puerto Tranquilo nos lleva a transitar por montañas las cuales te muestran su inmensidad a cada momento.

Pero la vista era así al salir de ellas, abajo puedes ver las curvas que llevan hacia Villa Cerro Castillo.

Aunque solo hay 217 kilometros de Coyhiaque a Puerto Tranquilo, el tiempo de viaje es enorme y mucho más largo puede ser si te encuentras con trabajos en la vía, en nuestro caso fue así y luego de 5 horas llegamos a nuestro destino.

Luego de arribar a Puerto Tranquilo nos quedamos en Cafetería la Nutria, Juan conocía a sus dueños y nuestro plan de acampar al costado del lugar poco a poco fue quedando atrás, ya que los dueños de casa nos invitaron a hospedar, gesto que agradecimos de sobre manera.


Pese a que llegamos bastante tarde, el recibimiento fue increíble, el calor de la salamandra que calentaba toda la casa llego hasta nuestro cuerpo y acompañado de un té y wafles la conversa se distendió mientras el glaciar de al frente de la casa se cubría poco a poco con la inminente noche que se avecinaba.

La Cafetería la Nutria es una parada obligatoria si vas a turistear o vienes del tour.
El despertar y dormir en este sitio me parece extraño, me cuesta creer que estoy frente a un glaciar, de hecho lo observo detenidamente mientras las nubes se corren a un costado y es increíble ver como brilla y adquiere un color azul. Es sumamente confortable encontrar lugares con tanta calidad humana en medio de la nada.
Enormes gracias a la señora Lidia, don Ricardo y Ricardo por la gran hospitalidad, amabilidad y preocupación siempre.

Ya que Puerto Tranquilo es conocido por las capillas de Mármol, tenia la incertidumbre de como era ese lugar, para mi sorpresa la visita no se hizo en el clásico bote lleno de turistas, si no en Kayak.

Es verdad, los primeros metros de Kayak fueron los peores y solo pensé en tirarme al lago y nadar hasta la orilla, pero realmente si enfrentas tus miedos estos desaparecen y se transforman en éxtasis de felicidad.

Y así fue como lo tomé, mantuve la calma y luego volar el drone desde el lago General Carrera mi postura frente a las cosas cambio y me decidi a disfrutar.

Realmente el lugar es increíble, hay una enorme cantidad de historia en esos grandes trozos de mármol que surgen desde el lago, es completamente loco pensar que en donde estuve en ese momento glaciares tuvieron su paso y dejaron una huella en la zona.

Así son las cavernas por dentro, la amplia gama de tonos es alucinante.

La tarde comenzaba a llegar y luego de remar unas horas íbamos a ir a conocer un sendero local junto Gustavo Briones (Tranquilo Bikers)
En Puerto Tranquilo hay dos senderos, yo tuve la suerte de conocer uno al que apodaban “sendero de invierno” o «Chirifo» por el nombre del glaciar en su parte alta.

Como ha sido una costumbre en este viaje, mi sorpresa fue enorme cuando llegamos, mi falta de experiencia en estos terrenos me hacia no poder darme cuenta del sendero, y aunque subimos bastante metros, solo lo podía divisar ocasionalmente.

La bajada comenzó en los 890 metros sobre el nivel del mar, realmente teníamos mucho mas cerro para subir y posteriormente bajar, pero decidimos llegar hasta allí.
Desde aquí se podía ver de forma amplia Puerto Tranquilo, gran parte del Lago General Carrera, Puerto Sanchez e incluso un gran tramo de Sierra de Avellanos.

Como dije anteriormente, el sendero me confundió cuando íbamos camino a la parte más alta, a simple vista no se podía ver de forma clara la huella de bajada, pero cuando comienzas a bajar el panorama es otro y solas se van dando las cosas.
Si piensas que no puedes tomar velocidad estás en un gran error, las piedras, tierra y cada curva hace lo suyo, solo tienes que afirmarte fuerte y comenzar a improvisar.

Parte de los glaciares de Puerto Tranquilo de fondo en esta imagen.

Las laderas tenían una inclinación importante en algunos momentos, si puedes ver en la imagen te encontraras con Gustavo Briones comandando la ruta y Juan Zamorano siguiéndolo.

Luego de bajar un poco más de 23 minutos por el mismo camino de subida llegamos a la parte baja. Las sensaciones eran increíbles y el asombro gigante, jamás había andado en bicicleta por lugares donde la huella no se note del todo, pero esto hace que tus sentidos se agudicen mucho más y vayas más atento a la bajada, improvisar es primordial y la velocidad viene de forma adicional.

Con senderos como este me queda claro que donde estoy es todo lo contrario a desde donde vengo, el manejar la bicicleta y tratar de fluir aquí tiene una gran diferencia a como es la zona centro de Chile, si no adelantas la mirada puede que te quedes sin velocidad en la siguiente curva.

Aunque el tiempo no nos dará para conocer “Sendero de verano” comprendo que hay que dejar cosas pendientes para tener razones para volver nuevamente en el futuro.
Hoy ha sido un día completamente redondo, y aunque el Kayak me dejó casi sin brazos, la bicicleta se encargó de dar el broche de oro a todo.

Ahora puedes comprender que Puerto Tranquilo tiene mucho más que Capillas de Mármol por conocer, si te acompañas de la bicicleta y te gusta el cerro, este puede ser un gran lugar para pasar la tarde, conocer y compartir con locales y aprovechar de paso la buena vista desde la parte alta.

Ahora es hora de empacar nuestros bolsos y aventurarnos a Puerto Bertrand, allí se realizará un Pre Bike fest donde Mauricio Flores nos espera con buenos senderos y un ambiente el que seguro será increíble.

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